La captura del narcotraficante uruguayo Sebastián Enrique Marset Cabrera por parte de la Policía Boliviana, con apoyo de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) y otros organismos internacionales de seguridad, pone fin a una intensa búsqueda internacional marcada por millonarias recompensas y acusaciones judiciales en varios países.
Desde mayo de 2025, Marset figuraba en la lista de fugitivos más buscados por la DEA. El Departamento de Estado de Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta 2 millones de dólares por información que condujera a su captura o condena. A esa cifra se sumaba otra recompensa de $us 100.000 ofrecida por Bolivia en 2023, cuando el narcotraficante logró escapar de un operativo policial en Santa Cruz.
El interés de Washington en la captura de Marset no solo se debe a su presunta participación en el tráfico internacional de cocaína, sino también a delitos vinculados al uso del sistema financiero estadounidense para lavar dinero del narcotráfico.
Una acusación formal presentada en el Distrito Este de Virginia sostiene que el uruguayo lideraba una organización criminal transnacional responsable de transportar toneladas de cocaína desde Sudamérica hacia Europa, con operaciones que involucraban a Bolivia, Paraguay, Brasil, Bélgica, Países Bajos y Portugal. Según la investigación, la red generó decenas de millones de dólares en ganancias ilícitas.


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